Preparación física y mental para el Camino de Santiago

Si vas a hacer el Camino de Santiago no solo debes tener en cuenta tu forma física: igual de importante es prepararse mentalmente. Calcular los tiempos de descanso y aprender a disfrutar de cada paso es esencial para convertirlo en inolvidable.

Por eso queremos darte unos consejos para que empieces tu aventura de la mejor forma, la disfrutes mientras dure, y la finalices con éxito. Recuerda que somos expertos en el Camino de Santiago, así que ¡confía en nosotros para vivir esta experiencia!

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NECESITAS estar en forma para hacer el camino, aunque depende de muchos factores, como la ruta que elijas, tu edad y tu condición física, entre otras. El Camino de Santiago no deja de ser una ruta de peregrinación que requiere tanto de entrenamiento físico como mental.

El Camino de Santiago es una ruta que puede llegar a ser muy larga y tediosa. Existen rutas realmente largas, que pasan por rincones de orografía compleja, para las que hay que estar preparado, por lo que si vas a hacer el Camino de Santiago, te recomendamos encarecidamente que te prepares con cierta antelación.

Además, debes tener en cuenta que te debes preparar según tus propias condiciones físicas y que es un tipo de ejercicio con necesidades muy concretas. Incluso aunque seas un runner experto o un nadador, por ejemplo, es muy posible que tu cuerpo no esté acostumbrado a estas largas sesiones de caminatas. Por eso lo mejor es preparar un entrenamiento en los meses previos al Camino para que tu experiencia sea la mejor posible.

Y recuerda también que unos Caminos resultarán más sencillos que otros debido a varios factores. Los desniveles, la distancia entre etapas, así como los servicios que encontraremos entre ellas son elementos que debes evaluar antes de iniciar tu aventura. Elige el Camino de Santiago que vaya más acorde con tu nivel físico para que no tengas ningún tipo de problema y tu peregrinaje se convierta así en una experiencia verdaderamente única e inolvidable.

Antes del Camino

Para acostumbrarte a las etapas que te esperan a lo largo del Camino, lo mejor es empezar nuestro entrenamiento en las semanas previas y de forma progresiva, empezando por unos kilómetros diarios y aumentando las distancias poco a poco.

Es importante que durante este entrenamiento previo para el Camino de Santiago recorras todo tipo de superficies, puesto que será lo que te encuentres durante tu peregrinaje. Lo ideal es alternar entre terrenos de asfalto y tierra, así como procurar enfrentarse a desniveles y cuestas en la medida de lo posible. Y si puedes hacer estos recorridos con mochila, mejor que mejor. De esta forma te acostumbras a caminar llevando un poco de peso en la espalda.

Como último consejo, aunque quizás se trate del más importante en esta fase previa, tienes que prestar atención al calzado. Lo ideal es entrenar con las mismas botas o zapatillas que vayas a usar para realizar el Camino de Santiago, especialmente si son nuevas. Nunca debes estrenarlas el mismo día que empieces tu peregrinaje porque te causarán rozaduras y ampollas que tendrás que soportar durante todas las etapas siguientes. Por eso lo mejor es darle forma al calzado poco a poco durante la preparación antes del Camino.

Durante el Camino

Calentar y estirar los músculos antes de emprender cada etapa diaria es perfecto para evitar tirones y lesiones inesperadas. Presta especial atención a los músculos de la parte inferior, estirando bien gemelos, cuádriceps e isquiotibiales. Lo mejor es empezar a un ritmo suave dejando que los músculos entren en calor para luego aumentar de forma gradual.

En todo caso, es importante que continúes siempre a tu propio ritmo, manteniendo un paso cómodo en todo momento y adaptado al terreno que estés recorriendo. Haz paradas cada dos horas aproximadamente para descansar durante unos minutos, tiempo durante el cual debes procurar hidratarte bien, especialmente si haces el Camino durante la época estival y bajo el sol.

Por otra parte, recuerda meter en la mochila tiritas y vaselina, así como aguja e hilo para las ampollas que puedan surgir entre etapa y etapa. Untar los pies con vaselina te ayudará a evitar rozaduras con el calzado, mientras que las tiritas protegerán las zonas en las que ya se hayan formado. La aguja y el hilo te servirán para pinchar las ampollas cuando hayas llegado al final de cada etapa, dejando que el hilo absorba y expulse el líquido toda la noche. Así habrán desaparecido a la mañana siguiente.

Después del Camino

Finalizado el Camino y tras haber recibido nuestra Compostela como premio, seguramente nos olvidemos del cansancio acumulado, las agujetas y las posibles ampollas y rozaduras en los pies. Al menos durante un tiempo, con la ilusión de haber llegado a Santiago y haber cumplido nuestra meta.

Muchos expertos recomiendan caminar un poco al día siguiente con calma para permitir que los músculos se rieguen correctamente. No debes olvidar limpiar bien y mimar tus pies para que se vayan recuperando poco a poco. En caso de necesitarlo, cerca de la catedral puedes encontrar clínicas de podología y masajistas siempre a disposición de los peregrinos.

Nuestra última recomendación es que bebas mucha agua en los días posteriores para recuperar líquidos y volver así a la normalidad. Y si tienes la suerte de poder hacerlo disfrutando de la mejor gastronomía gallega para coger fuerzas de nuevo, mejor que mejor. Visita el Mercado de Abastos ubicado muy cerca de la Catedral para hacerte con los productos más frescos o degusta los mejores platos en alguna de las terrazas de los locales que encontrarás en pleno casco histórico.

Además de una preparación física previa, hacer el Camino de Santiago requiere una preparación mental. Se trata de un recorrido de varios días, por lo que se pondrá a prueba tu resistencia en todos los aspectos.

Para evitar agotarte mentalmente y no obsesionarte pensando en la meta final, debes intentar sacarle todo el provecho a esta experiencia y disfrutar a cada paso. El Camino de Santiago te brinda la oportunidad de conectar con la naturaleza y un entorno único. Pero, sobre todo, de conectar contigo mismo.

Por tanto, además de planificar las etapas de forma realista y acorde con tus limitaciones, también es importante que reserves tiempo para relajarte y despejar tu mente. De esta forma, podrás sobrellevar mucho mejor todo el proceso sin llegar a agobiarte ni verte superado por las circunstancias.

Planifica tiempos, distancias y descansos

Antes de empezar el Camino es importante tener al menos una planificación mental sobre el tiempo que vas a dedicarle y la distancia que recorrerás cada día, siempre teniendo en cuenta tu condición física. Recuerda que aunque las etapas ya suelen estar delimitadas, no tienes por qué cumplirlas a rajatabla: camina menos kilómetros al día si lo necesitas y organiza tu ruta a tu manera.

Y al igual que piensas en el esfuerzo físico, no olvides calcular también los tiempos que dedicarás al descanso y a las horas de sueño, además de pararte a apreciar lo que vas a encontrarte en cada etapa.

Nuestra recomendación es que te centres en tu meta diaria, sin obsesionarte en llegar a Santiago de Compostela. Camina cada día a tu propio ritmo y fíjate en los elementos que te rodean. Disfruta de ese merecido reposo una vez has llegado al final de tu etapa y recupera fuerzas para enfrentarte a la etapa que te espera al día siguiente.

Te espera un largo camino, así que nada mejor que pensar en el momento y disfrutar a cada paso.

Disfruta de la naturaleza y del entorno

Si por algo se caracteriza el Camino de Santiago es por permitirnos estar en casi todo momento en contacto con la naturaleza, mientras caminamos por senderos de tierra, bosques, y entre la vegetación más pura. Por tanto, es prácticamente un deber saber aprovechar estos parajes para respirar aire puro y desconectar. Ni que decir tiene que esto conlleva beneficios a nivel no solo físico, sino mental e incluso espiritual.

Especialmente si vives en la ciudad, sabrás valorar como nadie este entorno silencioso y tranquilo. Si además te decantas por un Camino con poca afluencia de peregrinos, puede que ciertos tramos los recorras completamente solo. ¡Qué mejor momento para conectar con uno mismo! Y si lo estamos haciendo en pareja o en grupo, esta experiencia nos servirá para conocernos mejor, compartiendo con ellos un tiempo muy valioso sin otras distracciones.

También habrá etapas en las que recorras pueblos y zonas rurales, o localidades más grandes que puede que ahora veas con otros ojos si ya las habías visitado antes. Como peregrino, verás que incluso el recibimiento en estos lugares es diferente, así que valóralo y aprovecha el buen ambiente y la hospitalidad que te brindarán sus habitantes allá por donde pases, sin perder la oportunidad de empaparte de su historia y tradiciones para enriquecerte también a nivel cultural.